Columnas

La Innovación Social como política pública

Última actualización el Jueves 03 de Noviembre de 2011 12:42 Jueves 03 de Noviembre de 2011 04:02

alt

 

Por Ángel Morales*

 

Producto de las gestiones que he ido realizando para coordinar NISA, Nodo de Innovación Social Abierta, en donde trabajo junto a dos amigos (Felipe Martínez y Mauricio Cortéz), tuve la oportunidad de conocer a María Elisa Bernal, directora del proyecto "Experiencias en Innovación Social" de la CEPAL. Con ella hemos compartido varias conversaciones sobre cómo la Innovación Social debe ser entendida por parte de los organismos públicos, y la visión que hemos ido consensuando es que ,efectivamente, el sector público es un engranaje vital a la hora de pensar en la replicabilidad de innovaciones sociales exitosamente probadas a escala local.

 

En relación a esto, María Elisa Bernal, ha tenido la tarea de realizar el lanzamiento del libro "De la Innovación Social a la política pública" (CEPAL), texto escrito por Nohra Rey de Marulanda y Francisco Tancredi. Este documento básicamente busca poner en el tapete de la discusión pública la inclusión de la Innovación Social en la agenda de los gobiernos locales, mediante la exposición de casos exitosos y premiados por el proyecto "Experiencias en Innovación Social", los cuales pretenden demostrar que la Innovación Social no es una moda, sino una potente herramienta para generar valor social y cultural en las zonas más empobrecidas del continente.


En ese sentido, se ve con buenos ojos que la participación directa del sector público en la promoción, difusión, financiamiento y soporte de este tipo de proyectos en áreas temáticas críticas, permitan dar con soluciones que puedan ser implementadas para combatir de manera eficiente los bolsones de pobreza existentes que tienen a 200 millones de personas en Latinoamérica y El Caribe viviendo en condiciones de extrema pobreza.

 

Es de esperar que nuestras autoridades tomen la sabia decisión de invertir donde realmente se necesita: en Educación, I+D e Innovación Social. En definitiva, Chile podría posicionarse en la primera línea en el continente si su aparataje estatal se cuadra con esta plataforma de intervención social. Tenemos las condiciones y recursos para desarrollar un Silicon Valley de la innovación y del emprendimiento social y transformarnos en líderes de exportación no tradicional: transferencia tecnológica a la base de la pirámide para dar con las soluciones más eficientes, escalables y replicables que generen valor social y económico en lugares que han estado eternamente excluidos de los beneficios de la globalización.

 

*Ángel Morales es Ingeniero Comercial de la Universidad de Santiago. Coordinador de NISA (Nodo de Innovación Social Abierta) proyecto que tiene por finalidad impactar positivamente en la calidad de vida de los segmentos sociales más desfavorecidos en Chile y América Latina, mediante el co-diseño, asesoría e implementación de proyectos de interés público e impacto social.

Actualmente se desempeña como Director de Alianzas Internacionales en Fundación América Solidaria.

 

Dicom, el doble estándar del discurso de emprender en Chile

Última actualización el Sábado 29 de Octubre de 2011 21:20 Viernes 21 de Octubre de 2011 00:16

alt

Qué difícil se me ha hecho poder escribir este artículo, esto por las emociones tan extrañas que surgen o se mueven dentro de mí cuando pienso en este tema árido y doloroso. Sin embargo, creo que el emprendedor es una persona valiente, tan valiente que debe verse también enfrentado a esta enfermedad que tiene Chile llamada Dicom.

 

Por Ximena Gambra*

 

Si bien fue un modelo traído a Chile desde USA, cuya finalidad era conocer qué tan riesgosa podía ser una persona a la hora de tomar un crédito, a estas alturas esta empresa llamada Dicom ha logrado ser un ítem que ha hecho que Chile pierda el norte en conjunto con las tendencias de cambio de nuestro país y del mundo.

 

Queremos ser el país emprendedor, es más, queremos tener pleno empleo, pero con ese mismo discurso tenemos una empresa privada llamada Dicom que puede registrar nuestras caídas y porrazos económicos, pero no sólo en el día de hoy… ¡sino en toda nuestra historia!

 

Aunque pasen muchos años los registros se mantienen, dejando de por vida la muerte de un emprendedor. Estos registros impiden nuevamente el desarrollo de este jefe de familia, arrastrando en su proceso a los suyo.

 

El Dicom es el sistema que no deja que las personas tengan una segunda oportunidad de emprender. Si llegas a caer en él, ya sea porque te despidieron de tu trabajo, hiciste un mal negocio o estamos en un país cuyo crecimiento es parte de la capacidad de crecimiento del consumo del chileno o “simplemente” porque cayó un familiar enfermo y debiste empeñar el alma para salvarle la vida, estarás históricamente en él.

 

¿Cómo emprendemos entonces?, es más, ¿cómo buscas trabajo si estás en Dicom?

 

Dicom es la empresa constituida legalmente que lucra con el dolor del otro, con sus caídas, sin permitir que se levanten, y si logran levantarse es en base a un esfuerzo enorme y cuyo precio a pagar es desgastante, puedes perder hasta el proyecto más importante del ser humano: tu familia.

 

Qué increíble verdad. Hoy en día nos dicen: el emprendedor es la persona que sabe levantarse, pero díganme cómo se levanta una persona de clase media que a veces no puede cubrir estas deudas que puede dejar un mal negocio y que muchas veces no tiene un familiar de recursos que le tienda una mano.


Nuestro país debe saber realmente hacia dónde quiere ir, y las autoridades también, sin ser estructurados y tener este doble discurso de que somos un país en vías de desarrollo, pero al mismo tiempo le ponemos frenos a los emprendedores.

 

Créanlo o no, siempre nos levantamos más íntegros y con la cara en alto porque ha sido fruto de un esfuerzo por darle un mejor vivir a nuestros hijos, y darle algo mejor a este país.

 

Mientras existan este tipo de instituciones con doble estándar en nuestro país no tendremos pleno empleo y estaremos incentivando el mercado informal.

 

Conversé con una valiente mujer: Mariela. Ella es mamá de cuatro niños y hasta hace unos meses era la dueña de una empresa pyme que facturaba aproximadamente 500 millones al año.

 

Todo marchaba bien en la constructora hasta que la crisis económica que afectó a Chile en 2009 terminó por quebrar la empresa: “Quedé con una deuda de 100 millones aproximadamente y no puedo buscar trabajo de otra cosa gracias a mi Dicom. Es algo que te deja marcado de por vida, quiero emprender nuevamente, pero no puedo ya que por informe comercial no optas ni a trabajo ni a crear una nueva empresa”.

 

¿Mariela y cómo alimentas a tus hijos hoy? “Tengo una carrera como maquilladora y estilista, así es que comencé a ejercer en peluquerías con boletas de honorarios, es lo único que puedo hacer por el momento”.

 

Entonces, pensé que esta mujer es realmente una emprendedora, sigue pensando en colocar otra empresa y seguir siendo independiente, además de dar trabajo a otros.

 

Exactamente así lo hemos tenido que hacer muchos que un día por algún problema, precisamente emprendiendo, nos vimos por mal cálculo o fallo de un proveedor con cheques protestados y ,entonces, tienes que hacer malabares para salir de eso y pagar la deuda. Creo que con eso ya tenemos suficiente castigo, si la idea es enseñarnos.

 

Yo pasé por ese momento tan difícil en mi vida, pero tuve la suerte de encontrarme ante un jefe fantástico, él sabía que yo estaba en Dicom, pero sabía que fue por problemas que tuve con el principal proveedor de mi empresa, fue lo primero que le dije en la entrevista: “Sabe Rodrigo estoy en Dicom, pero eso no me hace una delincuente, todo lo contrario, necesito trabajar con más ganas para salir de esto”.

 

Hoy, años luz de esa pesadilla, puedo decir que se tiene que perder el miedo a ese fantasma que amarra y que impide el emprendimiento en Chile. No digo que no debemos ser responsables como empresarios, pero somos seres humanos y que lance la primera piedra quien no se ha equivocado en su vida.



*Ximena Gambra Acle es Ingeniero Comercial con un MBA, docente universitaria, terapeuta de regresiones y emprendedora ganadora de varios premios por su emprendimiento en productos con cuero de salmón.
 

Innovación Social o sobre cómo entender la pobreza de una manera nueva

Última actualización el Lunes 10 de Octubre de 2011 09:15 Lunes 10 de Octubre de 2011 08:46

alt

 

Por Ángel Morales*

 

Hace unos días leí la siguiente noticia: el 60,8% de los chilenos que trabajan dicen ganar menos de $250.000 mensual, es decir, casi 4 millones y medio de personas viven en una relativa situación de pobreza en Chile (Fuente: Diario La Tercera).

 

No hay análisis que aguante. Tengo un buen amigo de 30 años, soltero y sin hijos que trabaja en una empresa que vende insumos para la gran minería en el Norte de Chile y gana mensualmente 3 millones de pesos líquidos. Es un buen profesional y se ha ganado el lugar donde está. No es su culpa el sueldo que percibe, pero hay algo que no calza: la brecha entre el primer y último quintil es tan abismante que aniquila cualquier posibilidad de tener un país más equitativo.

 

Sin lugar a dudas, fenómenos socio-económicos persistentes como el anterior van generando bolsones de pobreza dura, difíciles de erradicar que obligan necesariamente a intentar entender el problema de una manera nueva, con otro lente. Es en el escenario actual donde la innovación y el emprendimiento social surgen como la segunda derivada de la participación ciudadana y de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) como motores en la creación de valor compartido.

 

Pero, ¿por qué esta afirmación debería hacernos sentido? La superación de la pobreza es contextual y responde al proceso histórico del espacio físico donde se genera, por ende, no es lo mismo entender la pobreza en Chile que en África o Asia. Sin embargo, existe un común denominador: la innovación social. Este lente permite entender la pobreza de una manera nueva, donde sea que ésta se produzca puesto que nos hace verla como un problema que oculta una gran oportunidad: capacidad humana ociosa generadora de valor social y económico de alto impacto. ¿Por qué? Pues por una razón muy simple: la innovación surge con mayor potencia en contextos de escasez. Por consiguiente, la situación de pobreza que una familia de la Base de la Pirámide pueda sufrir debe ser entendida como una opción para generar valor desde abajo y en la medida que ese valor creado y compartido permita mejorar la calidad de vida de un alto número de familias, entonces, estaremos en presencia de un nuevo paradigma social.

 

En NISA no tenemos las respuestas, tenemos las preguntas, y creemos que entre más preguntas inéditas generemos en torno a la temática de la pobreza, más cerca estaremos de entenderla.


*Ángel Morales es Ingeniero Comercial de la Universidad de Santiago. Coordinador de NISA (Nodo de Innovación Social Abierta) proyecto que tiene por finalidad impactar positivamente la calidad de vida de los segmentos sociales más desfavorecidos en Chile y América Latina, mediante el co-diseño, asesoría e implementación de proyectos de interés público e impacto social.

Actualmente se desempeña como Director de Alianzas Internacionales en Fundación América Solidaria.

 

 

   

Sequía empresarial en Chile

Última actualización el Martes 11 de Octubre de 2011 00:36 Viernes 07 de Octubre de 2011 02:26

dreamstime_672560web

 

Crítica de cine: Medianoche en París

Última actualización el Domingo 02 de Octubre de 2011 19:37 Domingo 25 de Septiembre de 2011 15:31



Por Cristóbal Hasbun L*

alt

 

En una entrevista concedida a Laurent Tirard, en 1996, Woody Allen explicó que todo director podía ser dividido entre aquellos que hacen películas para sí mismo y otros que hacen películas para el público. “Una vez hecha esta distinción - continuó - creo que todos los directores deberían hacer sus películas para sí mismos y que tienen la obligación de asegurarse de que, sean cuales sean los obstáculos que deban superar, el film es y sigue siendo suyo de principio a fin. El director no tiene que dejar de ser dueño de la película nunca”.

 

Lo anterior se condice plenamente con el carácter psicológico e introvertido de las películas de Allen. Parte importante de los motivos principales de sus películas dice relación con una dualidad de conflictos internos y conflictos circunstanciales. Los primeros suelen estar marcados por dilemas morales y fantasías que chocan con la fría realidad todo el tiempo. Los segundos suelen estar supeditados a los primeros.

 

Como mencioné en una columna anterior, resulta muy llamativo que la primera vez que Allen decididamente escapó a su estilo tradicional para explorar en una tragedia (Matchpoint, muy influenciada por “Crimen y Castigo” de Dostoievski) resultara haber sido una de las películas más descollantes de su filmografía. Luego de ella abandonó el estilo frontal y dramático desprovisto de liviandad para retomar lo tragicómico.

 

Pese a ello, Woody Allen sigue siendo el gran comediante de la generación de los setenta, quien -fiel a su trabajo- jamás se rindió a la hora de encontrar un estilo cinematográfico que hoy por hoy podría abarcar un género de comedia.

 

Con su tradicional ambientación al estilo Henry James o León Tolstoi, la película transcurre en un opulento París donde todos cultivan el ocio y nadie trabaja. Las problemáticas son también sofisticadas, aunque recurrentes. En un ambiente como el anterior, Gil (Owen Wilson) acompaña a los padres de su prometida Inés (Rachel McAdams) a cerrar unos negocios en París, estadía que resulta marcada por la obsesión de Gil por terminar su novela junto con una creciente curiosidad por cómo debe haber sido vivir en el París de los años veinte.

 

Que el protagonista logre viajar en el tiempo y vivir en dicha época nos devuelve al recurrente motivo psicológico de Allen respecto a la urgente necesidad de escapar de la monotonía de la realidad por medio del arte o la fantasía, y cómo esta actividad puede ser tan necesaria como desastrosa. Gil ya no debía asistir a las comidas con los suegros ni a bailar con los amigos de Inés porque podía asistir a tertulias con Hemingway, Fitzgerald, Picasso, Dalí, Buñuel o T.S. Elliot. Entonces se desarrolla la tragicomedia del ensimismamiento como fuga de una realidad (des)atractiva y los efectos en la convivencia social que ello produce.

 

Llama la atención la incorporación de Owen Wilson, quien, sin desgastarse demasiado, cumple satisfactoriamente con el rol de un desesperado aspirante a artista preso de una mente que no controla. Ello permitió que Allen no tuviera que dirigir desde el plató nuevamente. La labor de Rachel McAdams es secundaria, con una estética abiertamente evocadora a Scarlett Johanssen. La elegancia y sensualidad de Adriana (Marion Cotillard) destaca como el ícono imprescindible de la musa inspiradora.

 

Medianoche en París es un homenaje al ambiente artístico-cultural del París de comienzos del siglo XX, cuando los más grandes artistas e intelectuales soñaban con envolverse en su aire y su gente. Es también una exploración de las mentes soñadoras y encantadas que registran cada vivencia cotidiana con asombro, como para escapar todos los días de la muerte con alguna buena historia.

 

  • Título original: Midnight in Paris
  • Director: Woody Allen
  • Reparto: Owen Wilson, Rachel McAdams, Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Marion Cotillard, Michael Sheen, Adrien Brody.
  • Año: 2011

 

*Cristóbal Hasbun es Director de Extensión en la lista del colegio de abogados Libertades Públicas A.G. y estudiante de Magister en Derecho.

   

Página 1 de 19

, Momento Cero S.A Derechos reservados 2009