Emprende tu espíritu: Trasformando la escuela en una Comunidad Emprendedora
Miércoles 07 de Julio de 2010 20:28
La responsabilidad de los líderes es hacer que los niños sientan que son protagonistas de lo que crean, dado lo que sienten y creen.
Por Pedro Flores
Una comunidad emprendedora es un equipo de personas que comparte la pasión por generar posibilidades y abrir el camino para transformarlas en realidades. Para que ello ocurra hay que activar la energía emocional de cada integrante. Lo que nos frena y pone límites es el miedo, basado muchas veces en experiencias o en creencias que nos hacen sentir que es imposible alcanzar algunos objetivos. Las emociones nos predisponen a cuatro tipos de movimientos: expansión, contracción, caos o quietud. En estos espacios se viven distintos mundos. Es la energía emocional la que nos brinda la sensación de vivir desde la abundancia o desde las carencias.
Una comunidad emprendedora se establece cuando las personas aprenden a relacionarse desde el respeto y la dignidad, dando valor al aporte que hace cada uno, co-creando un mundo de nuevas posibilidades para habitar en el bienestar. Muchas veces los líderes son los principales responsables de promover en sus discursos posibilidades que no están alineadas con la expansión, abundancia y el poder. Si uno se detiene y escucha las declaraciones de los líderes, en muchas ocasiones descubrirá que esos discursos vienen de un mundo emocional lleno de límites. Los directivos y los docentes en general influyen en forma determinante, a través de sus conversaciones diarias y en la configuración de su forma de ser, mediante las cuales ellos generan su realidad.
Entonces, la pregunta maestra para los maestros es ¿de qué manera estamos contribuyendo para instalar en el ser de los alumnos, sus padres y en general en la comunidad educativa; algo que los dote de poder o de límites? Es la educación la que gatilla en los educandos este poderoso mecanismo formado por emociones y juicios para crear una realidad y no otra. Si los niños aprenden que no existe sólo una realidad, y que por el contrario, son ellos los que crean sus mundos singulares, entonces la responsabilidad de sus líderes es hacerles sentir que son protagonistas de lo que crean, dado lo que sienten y creen. Este protagonismo se activa en primer lugar con la energía emocional que trasmite el docente.
Es muy distinto un docente conectado con la alegría que trasmite entusiasmo, optimismo y se relaciona desde la paz con los alumnos, que uno que está conectado con el miedo y la rabia trasmitiendo desconfianza, susto o resentimiento. Sin embargo, como los líderes no han sido entrenados en tomar conciencia de sus emociones y del impacto que ellas generan, es probable que muchas veces estén atrapados en espacios emocionales que les quitan poder, contagiando mediante ellos a la comunidad; sintiendo, pensando y comunicándose con códigos que contribuyen a que se construya un espacio de límites para ser y actuar.
El poder, eje central de una comunidad emprendedora, se construye en el ser del integrante de la comunidad. La construcción es diaria y está mediada por nuestra presencia, por la forma en que nos tratamos, las palabras que nos decimos, los pensamientos y creencias que sustentamos y por la energía emocional que nos mueve; ya sea a la expansión, contracción, quietud o caos. Si el docente aprendió a vivir en un espacio de contracción será muy difícil y poco consistente que emprenda un discurso que contagie a los alumnos con la ambición y el poder para emprender. Seguramente tendrá la ilusión que basta con declarar ciertas posibilidades para que ellas le hagan sentido a los niños, sin tener conciencia que las posibilidades sólo hacen sentido cuando están sustentadas en una emocionalidad pertinente.
Hoy es urgente que los docentes se entrenen y manejen su energía emocional para aprender a trasformar las culturas de sus organizaciones cuando estén ancladas en la desconfianza, en el miedo, en la resignación, resentimiento o en el desaliento. Los alumnos perciben las emocionen sin ser capaces de distinguirlas o juzgarlas. Si ellos perciben, ven y escuchan que imposible hacer esto o aquello, que no resultarán sus anhelos o que la vida es así como lo determina el líder; lo más probable es que vayan tejiendo en su ser una red de desesperanza, desconectándose de la ambición de ser protagonistas de su plenitud.

Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.