Regeneración: El Alcance de nosotros
Martes 04 de Mayo de 2010 14:55
"Los verdaderos cambios no son esencialmente políticos; tampoco son cambios que puedan ser emprendidos por un político o una autoridad, sino que son cambios que se producen desde la cultura de los ciudadanos". Por Cristóbal Hasbun L.
Los cambios políticos no suelen ser los cambios de fondo. Los cambios más profundos se producen en la cultura de los ciudadanos, lo cual afecta sus pensamientos y modos de actuar. Los verdaderos cambios no son esencialmente políticos; tampoco son cambios que necesariamente puedan ser emprendidos por un político o una autoridad.
Por un lado, es cierto que las leyes que se dicten deben ser aterrizadas a la realidad nacional. Pero por otro lado, el dictar leyes no es la única manera de colaborar. Para nosotros -que no somos parlamentarios ni autoridad-, queda el desafío de preguntarnos qué realidad nacional estamos construyendo con nuestro diario actuar. Esto es más potente que las leyes.
Pensando en el contexto histórico actual; en nuestra corta edad, en los dolorosos cambios históricos que el país ha vivido y además en aquellos que enfrentamos cotidianamente, me parece que uno de los puntos fundamentales en nuestro país es preguntarnos por la otredad.
Por otredad se entiende aquel ejercicio mental, consciente o inconsciente, mediante el cual nosotros comprendemos al otro, sin ser el otro necesariamente nuestro padre o hermano, sino nuestro vecino, el panadero, el jefe, un artista, un grupo de amigos en una fiesta, un señor que aparezca en los diarios.
El fenómeno de la otredad en nuestro país refleja fielmente la lamentable división histórica que hemos venido arrastrando desde hace años. El primer ejercicio mental para conocer a un extraño es el prejuicio. Posteriormente, de juicios. Lamentablemente, en nuestro país muchas veces no llegamos al segundo paso, y para peor, generalmente el prejuicio que nos formamos del otro suele terminar presentándolo como un enemigo.
No es casual, luego, a que sobre el hippie recaiga que es drogadicto, flojo, desordenado y comunista. Sobre el empresario; que es explotador, que vendería hasta a su madre, que es desconsiderado. Sobre un imputado que roba por primera vez; que de seguro es capaz de matar la próxima; sobre un político, que de seguro es sinvergüenza y coimero, sea quien sea.
No es casual que si te vistes de determinada manera entonces eres flaite -con todo lo que eso implica-, y si te vistes de otra, un cuico, con todo lo que eso significa.
Nuestra manera de entender al otro ha colaborado en que ciertos grupúsculos no se disuelvan porque no quieren mezclarse con el resto, porque prefieren continuar con un modo de conocer al otro que da como resultado que todo extraño es y será siempre un potencial enemigo.
Parece, por ello, muy relevante el saber cuál es el alcance que asignamos a la palabra nosotros. “Ellos quieren lo mejor para nosotros”, ¿pero en quién piensan cuando pronuncian nosotros? ¿A quién, de toda la gente, incluimos y a quién excluimos, connaturalmente, cuando pronunciamos nosotros?
Para que lo que construyamos ante el futuro tienda siempre a la unidad. Porque todo aquello que tiende a ella hace sentir con firmeza en nuestros pies el sendero correcto. Porque, como decía el pintor chileno Claudio Nuñez, “es hora de que Chile devuelva la estrella a lo alto de su cielo.”
Y para ello sólo alcanzarán las manos de nosotros.
