Un cambio de switch para comenzar a emprender

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Cuando una persona decide emprender, ya sea en una empresa o en lo personal, normalmente es porque algo pasó en su vida que le permite generar una mirada desde afuera, y decir:- ¡Hey, debes despertar y mirar a tu alrededor, debes levantarte con fuerza y ser capaz de todo!

 

Jamás puedes quedarte con la sensación de… ¿y si lo hubiese intentado?

 

Por Ximena Gambra*

 

Vivir una experiencia impactante, generalmente dolorosa, da la sensación de tocar fondo y que todo pierde sentido, ya que los paradigmas se derrumban como castillos de naipes, pues lo que era verdad, ahora es una falacia. No obstante, una profunda mirada interior obliga a seguir un solo objetivo: salir del pozo de la desesperación y de la desesperanza. ¿Y qué nos queda?- ¡EMPRENDER!

 

Después de esto, ya nunca serás igual… sino que… ¡serás mejor! La historia que relato a continuación es de una persona muy querida; se trata de una amiga de mi infancia que conozco muy bien. La elegí porque vi desde muy cerca cómo y por qué se produjo un cambio tan profundo en su vida a través de una pena muy grande, y cómo fue capaz de levantarse hecha una mujer inmensamente fuerte y valiente.

 

Su nombre es Ela.  Es Ingeniero Comercial y tenemos pasiones muy similares; ésta es su historia:

 

Nos encontramos en un café de Santiago para conversar de este tema que, si bien no le gusta desempolvarlo, lo hace porque considera que puede ayudar con su experiencia de vida a que otras personas se quieran más, como me dice ella.

 

Es una mujer que ha sido esposa, madre, empresaria y ha hecho cosas muy interesantes en su vida, en el amplio sentido de la palabra; con ella nunca se sabe qué pasará, es un torbellino de emociones; a menudo, cuando conversamos siento que estoy arriba de una montaña rusa, de Ela admiro su capacidad para reinventarse y su manera profunda de amar y captar las emociones del otro. Me sorprende su asertividad en esta tarea, me dice: Xime, esa persona no está bien….y con el tiempo lo sabes, realmente no estaba bien. Tiene esa capacidad de mirar tu alma a través de tus ojos, así es mi amiga Ela.

 

- Amiga, ¿cómo te conviertes en la mujer que eres ahora?

 

Me mira con sus ojos pardos y ríe: ¡Si supieras! Paradójicamente, lo más duro y doloroso que pasé en mi vida, ¡fue lo que me hizo fuerte! Corría abril de 1999, eran aproximadamente las 11:00 horas, estaba en clases de postgrado y ya esperaba mi segundo niño. Al igual que con mi primera hija, con este bebé también tuve síntomas de pérdida, y para mí ya era una experiencia conocida. Debido a esto, mi embarazo continuó en forma relativamente tranquila; si bien con mi marido las cosas no estaban del todo bien, ser madre era una experiencia absolutamente superior a cualquier hecho que pudiese acontecer en el futuro. ¿Sabes? Estaba feliz, ¡Volvería a ser mamá!

 

Ya tenía más de cuatro meses, cuando ese 29 de abril en plena clase de postgrado, me comencé a sentir mal e inmediatamente supe que estaba con síntomas de pérdida; solo que esta vez eran contracciones muy fuertes. Recuerdo, amiga, que dejé mi auto en la universidad, y tomé un taxi hasta la clínica; por celular ya me había comunicado con el médico tratante y me esperaban en emergencia. Me colocaron en la camilla y pude sentir un líquido frío, solo pensaba: “Quédate conmigo, quédate conmigo, no me dejes”. Llegó un momento en que no pude resistir más y pujé. Ese 29 de abril llegó, sin vida, mi hijo de casi cuatro meses y medio… a pesar de todo el dolor fue un instante sanador y decisivo para todo lo que vendría después: verlo y darle un nombre.

 

Fue una sensación de desgarro que no he sentido nunca en mi vida, como si arrancaran parte de lo más profundo de mi ser. Se lo llevaron para hacerle los exámenes genéticos y no lo vi más. Quedé sola en la camilla de urgencia y con mi mente en blanco. Recuerdo, amiga, que solo atiné a preguntarle al médico: “¿Tiene un teléfono para llamar a mi marido? Afortunadamente, él estaba en Santiago, en la empresa que tenía con su familia, pues normalmente estaba el mes o mes y medio en la Forestal que había formado en el sur.

 

Marqué su número y me comuniqué: “¿Toño?, estoy en urgencia, voy a entrar a pabellón porque perdí la guagüita”. A lo que respondió: "¡Qué pena Ela! ¿Es muy necesario que vaya? Porque hoy no vino el Yalero y no hay quién atienda a los clientes". Se me vinieron todas las señales a la mente y solo pude decir: “No te preocupes, no es necesario”

 

Xime, tú me conoces, conoces la memoria que tengo, esas palabras las tengo vivas en mi mente. Fue un despertar, literalmente. Le entregué el teléfono al médico, quien solo me miraba, y recuerdo que le dije en forma muy clara: “Acabo de perder a mi hijo y acabo de perder a mi marido”. Ese, amiga, fue el click, de ahí en adelante conoces la historia porque enseguida tomé a mi hija, me armé de valor y me fui de lo que era mi “hogar”. Me he caído muchas veces, he llorado mucho, pero también he reído y me he levantado.

 

Existió, en todos esos momentos, Xime, una fuerza superior a mí, eran mi hija y el hijo que ha estado siempre junto a mí. Fue un aprendizaje doloroso y profundo, además, una piensa que se le rompe el alma; sin embargo, en ese momento miraba a mi chiquita y me decía a mí misma: “Ella me necesita ¡Soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte!”.

 

Desde ese instante siempre he hecho las cosas que me gustan. No busco el reconocimiento de los demás, persigo mis sueños y generalmente los alcanzo y si no funciona, no no más (reímos); al hacer lo que me gusta, Xime, me va bien, disfruto lo que hago por pequeño que sea y le muestro a mi hija lo importante que son los valores y principios en una persona.

 

Es muy importante para mí que ella sienta admiración por su madre y diga algún día: “Ésta es mi mamá, me defiende, me admira, me enseñó a volar alto, a ser curiosa, a amar y amarse”. Después vino la empresa, los postgrados, comenzar a trabajar en el apostolado de la educación chilena, soy una convencida que con la educación ayudas al país a salir de la pobreza. Y mil cosas más: esa es la felicidad, amiga.

 

-Wow Ela, ¡qué fuerte!

 

Pero, Xime, ¿sabes? Hay personas que han vivido cosas más fuertes que yo y he podido ver también cómo se reinventan y son felices; personalmente siento una profunda admiración por ellas, lo importante es saber que ¡sí se puede!

 

-¿Eres feliz hoy?

 

¡Sí amiga, inmensamente feliz, y aún tengo tantas cosas y sueños por realizar! Quiero conocer el mundo, lugares exóticos, el Louvre y Austria...

 

 

No me cabe duda que mi amiga realizará ese sueño de viajar y realizar muchas cosas de las que me ha hablado, ¡La conozco tan bien! Escribí este artículo porque sé que llegará a muchas mujeres y por qué no, también hombres. ¡Sí se puede! Pero no sin antes comprender que la fuerza está en nosotros, en nuestro amor propio, en entender y saber que no se puede estar con alguien que para ti es primordial, si tú eres sólo una opción en la vida de esa persona. Ámate, para que puedas amar al resto de una manera sana.



En especial dedico este escrito a mi hija que me ha acompañado en estos 15 años de crecimiento y a mi hijo, en cualquier parte del Universo en que se encuentre, pues siempre los llevo en mi corazón y en cada sueño que concreto y emprendo.

 

*Ximena Gambra es Ingeniero Comercial con un MBA, docente universitaria, terapeuta de regresiones y emprendedora ganadora de varios premios por su emprendimiento en productos con cuero de salmón.

Comentarios  

 
+1 #2 05-08-2011 22:06
Creo que la experiencia en si misma no hace el cambio. Uno frente algo así puede destruir su vida. Para lograr el cambio es necesario tener algo dentro de uno, llámenle fuerza interior, experiencias, convicciones, espiritualidad… que son los pilares de los fundamentos de su existencia, de la vida. Si Ela no hubiese tenido este background grabado a fuego en su fuero interno, hubiese cedido a su pena. Ela tiene la oportunidad de hacer el cambio de switch y es capaz de tomarla por creer en si misma, porque tiene claridad a dónde quiere llegar sin importar el camino.
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+1 #1 05-08-2011 21:31
Ximena,

Soy amiga de Rodrigo,me envio el link y lei tu articulo...la verdad que lo de tu amiga Ela esparecido a lo que me ha sucedido,con la diferencia que no he sido quiza lo suficientemente valiente para hacerlo.Me hizo refleccionar...gracias y suerte en todo lo que ha de venir en tu vida.
Un abrzao desde España.
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