Álvaro Saieh: “El emprendimiento ayuda a levantar los niveles de felicidad social”


El destacado empresario nacional habla de pasión, oportunidades y sobre cómo el emprendimiento ayuda a capitalizar lo mejor que tenemos y, en definitiva, a elevar los niveles de felicidad en las personas.


Cuando expuso en el Congreso del colegio de ingenieros, Álvaro Saieh dijo que todo emprendimiento tenía una cuota de razón y otra de pasión. El pasado 26 de junio, tras recibir el Premio Icare (categoría empresario), volvió a hablar sobre la pasión y la razón y la importancia que tiene en un emprendimiento. Y cuando se reunió con Momento Cero (Mo.0), le preguntamos cómo se puede conjugar la pasión con la razón. Saieh, sin demorarse, respondió que esto es un arte, que la experiencia juega un rol fundamental y que, como cualquier arte, se puede incentivar y enseñar.

“El arte es aplicar en cada caso lo que corresponda a cada una. Eso es un arte que unos lo tienen más desarrollado que otros, pero que sin duda se adquiere con la experiencia: la justa gradación entre pasión y razón, es un arte”, dice con seguridad.


Como buen hijo de inmigrantes, Álvaro Saieh lleva el emprendimiento en la sangre. La historia comenzó en Talca, cuando sus padres dieron la primera batalla abriendo la “Casa Saieh”, un conocido local comercial de esa ciudad. En ese tiempo, recuerda, toda la familia estaba en función del negocio. “El emprendimiento era algo natural en mi familia (…). Si hay una enseñanza básica que me dieron, es la importancia de la ética en el trabajo. O sea, mi familia, todo lo que tuvo y todo lo que pudiera tener; era por su trabajo. Todos (en mi familia) hemos nacido con un deseo de trabajar muy importante, porque nos damos cuenta que nuestro desarrollo personal era por el esfuerzo propio. Y eso es la herencia más importante que yo recibí”.

Saieh, emprendedor

Su historia de empresario empezó a mediados de los 80’. Álvaro Saieh, tras oficiarlas como decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, fue nombrado prorrector de la misma casa de estudios (1981). Duró cinco años en el cargo, hasta que un grupo de inversionistas le encargó la compra de un banco. Fue ahí cuando se abocó a la vida empresarial y sugirió la compra del Banco Osorno, por el que pagaron unos US$ 10 millones, para venderlo diez años después por un monto cercano a los mil millones de dólares. Negocio redondo.


Y así partió el camino para llegar a ser lo que es hoy: uno de los empresarios más reconocidos en Chile, destacando su participación en la banca (Corpbanca), el retail (SMU, concentrando más del 20% del mercado de supermercados con Unimarc y Deco, entre otros) y los medios de comunicación (Copesa, consorcio que abarca el diario La Tercera, La Hora, La Cuarta, revista Qué Pasa y varias radios).


Pero ¿qué hace que una persona, con un buen trabajo asalariado, decida cambiar el rumbo, arriesgarse y emprender? Más que un cuento de oportunidades o casualidades, para Álvaro Saieh fue fundamental el hecho de venir de una familia emprendedora, además de ver la posibilidad de transformar todo lo que había estudiado (es Ingeniero Comercial de la Universidad de Chile, Master of Arts en Economía y Ph.D de la Universidad de Chicago) en un proceso liderado por él.


“Básicamente se presentó una oportunidad atractiva en un área donde yo creía que tenía conocimiento, que era el área bancaria. Yo estudié el banco, estudié tres bancos y me pareció que el Banco Osorno era el más adecuado. Recomendé su compra y entré como socio para demostrar que lo que estaba diciendo en mi estudio era verídico. Entonces me dijeron que por qué no lo manejaba, y así se desarrolló esa entrada al mundo empresarial (...). Además, era tentador desde el punto de vista profesional, un desafío profesional”.

¿Qué lo motivó a vender el banco?

He vendido algunas empresas para poder hacer ganancias de capital y en el fondo partir en las mismas actividades con más recursos, porque yo partí sin capital. Entonces en algún momento uno tiene que pasar, como se dice, por “caja” para lograr generar valor nuevamente y tener algo que sea significativamente propio. De hecho, en la venta del Banco Osorno, tenía la idea de tener un banco que yo pudiera manejar de manera más integral.

Y ese “tener algo propio”, el emprendimiento, ¿qué representa para usted?
Es una parte importante en mi vida en el deseo de levantarse, de trabajar, de hacer cosas nuevas. El emprendimiento es un motor importante en el deseo de hacer cosas, yo creo que es lo que te da la fuerza para estar todos los días creando y haciendo cosas nuevas, es ese deseo de emprender y de crear...

Mucho más allá del tema económico...
Es que yo creo que el emprendimiento hace que las personas sean dueñas de su destino, que hagan lo que a ellos les gusta y quieren hacer. Y eso no es una cosa que no se puede tomar en cuenta, no se trata sólo de una cosa de dinero, el tema es que uno haga lo que quiere hacer. Con el emprendimiento, y las oportunidades para emprender, uno está levantando los niveles de felicidad social de todos. Porque hay una parte de gente que puede ganar lo mismo que en otro lado, pero es más feliz emprendiendo.

Usted en una entrevista dijo que a la empresa que más quería era la que estaba empezando...
Justo, porque esa es la empresa que más desafío presenta, es la que uno tiene que entregarle más tiempo, más imaginación, más conocimiento y por supuesto es la más desafiante. Cuando una empresa está consolidada, las cosas se vuelven, dentro de todo, más rutinarias. Cuando uno está en un emprendimiento que está naciendo, todo es nuevo, todo hay que hacerlo, hay que construirlo; y eso es muy apasionante.

¿Siente que esto es parte de la “herencia” que le dejaron sus padres?
Claro, porque gracias a lo que nos enseñaron en mi familia, todos nos damos cuenta que nuestro desarrollo personal es gracias al esfuerzo propio. Esa es la herencia más importante que yo recibí.

¿Se siente privilegiado en ese sentido?

Absolutamente, me siento tremendamente privilegiado en comparación con aquellas familias que ignoran lo que es el emprendimiento y las posibilidades que tiene el emprendimiento en su desarrollo personal en un amplio sentido. Porque mucha gente toma al trabajo como un medio, pero yo pienso que también es un fin porque el trabajo produce enormes satisfacciones: el hecho de hacer las cosas bien, de lograr los objetivos, de crear... Y además te permite tener los recursos y emprender en otras actividades que no necesariamente son de negocios (que pueden ser culturales, de placer, etc). Entonces cuando en una familia existe la semilla del emprendimiento, cuando plantan en sus hijos la semilla del emprendimiento, dejan sembrado en esa persona una capacidad para ser más feliz y para lograr sus objetivos, tanto de trabajo como personales.

¿Y en este aspecto cómo ve el panorama nacional?

Creo que el emprendimiento de mucha gente ha logrado muchos resultados positivos. Lo que no quiere decir que estemos en una sociedad donde el emprendimiento haya permeado completamente, pienso que falta muchísimo en ese sentido. Pero por lo menos hay una mirada simpática, una mirada cariñosa hacia el emprendimiento que dice que esta es una forma de distribuir la riqueza entre la gente. El emprendimiento es un vehículo en el cual uno puede lograr que surjan nuevas personas, con nuevos capitales a competir con los antiguos capitales, aprovechar las oportunidades que hoy tenemos y que hace 40 ó 50 años no las teníamos...

¿Las generaciones nuevas están aprovechando estas nuevas oportunidades?
Hay gente que las ha aprovechado sin ninguna duda. Ahora, la pregunta que debiese hacerse toda persona y todo país es si uno ha hecho lo suficiente, ¿he logrado sacar de todas las oportunidades que he tenido, lo que debía sacar? Bueno, yo creo que (como país) no, todavía nos queda mucho que sembrar en lo que es emprendimiento.

¿Qué legado le gustaría dejar como empresario?
Me gustaría dejar sembrado en mis hijos, les diría que continúen con todo lo que yo he estado desarrollando, que respeten y quieran a las personas con las que han formado equipos y sean gente de trabajo. Que no piensen sólo en los intereses propios, sino en lo que es importante para su país. O sea: continuidad con las empresas que tenemos y respeto y cariño por quienes están trabajando con ellos. Todo esto en un marco de respeto y cariño por su país.

¿Siente que la educación en Chile está haciendo esta misma invitación?

Yo creo que en Chile la educación es bastante estandarizada y no logra sacar a los estudiantes lo mejor de sí mismos.
A mí me molesta mucho cuando a los jóvenes les ponen etiquetas, yo realmente creo que hay que aceptar a la gente con su diversidad y ver cómo se desarrollan de acuerdo a las reglas que tú les das y darle todos los incentivos para que ellos se desarrollen, porque uno encuentra muchas sorpresas. Pero este país es bueno para etiquetar a todo el mundo, cosa que yo encuentro muy molestosa. Pero todos tienen un lado más fuerte que el otro, entonces desarrollemos eso, démosles oportunidades y por ese lado, anda a saber tú en qué se transforma esa persona.
Muchos alumnos muy buenos no se desarrollan en el colegio porque no lo encuentran interesante, simplemente por eso...

¿En ese sentido los colegios están haciendo una invitación mal hecha?
Yo creo que depende, por supuesto, del colegio. Pero en general yo creo que es más bien un profesor dictando clases que un diálogo entre profesor y alumnos, donde el docente pueda sacar lo mejor que hay en los estudiantes.

¿Esa es una forma de fomentar el emprendimiento?

Obvio. Tú estás creando en cada persona un sentido de “yo sí puedo”. A lo mejor no puedo en matemáticas, pero en inglés sí puedo. Mejor desarrollemos el lado que a él le gusta, porque son aptitudes distintas solamente. Y si logras producir ese orgullo en la persona, esa suficiencia en sí mismo, ese sentirse capaz; esa persona puede llegar muy lejos. Pero si tú lo achatas, si le dices que es un alumno promedio, esa persona va a terminar siendo un alumno promedio.


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