Entrevista a Alicia Amunátegui: Vida y pasión por los niños
Martes 18 de Agosto de 2009 21:33
El día en que cumplió 21 años, Alicia Amunátegui contrajo matrimonio. Su suegra, Luz Ossa, era la presidenta de la Sociedad Protectora de la Infancia (SPI) y la invitó a participar del Consejo Directivo de la entidad. “Necesitaban mucho apoyo. Mis padres fueron servidores públicos y desde chica me enseñaron que lo que se hacía, se hacía con responsabilidad y vocación de servicio.
A los 21 años llegué a estos mismos patios y las niñitas estaban jugando en la tierra, otras recogían palitos y trataban de tejer con lanas de chalecos viejos. Entonces una me dijo ‘¿te puedo decir mamá?’. Ahí dije: ‘aquí hay que quedarse’. Y estoy aquí”, relata.
La Sociedad Protectora de la Infancia fue fundada en 1894 por un grupo de mujeres que “se dieron cuenta de la tragedia que se vivía luego de la guerra con Perú. Había mucha tuberculosis, las madres morían temprano. Entonces se dieron cuenta que los niños merodeaban los tarros de basura”. Comenzaron buscando niños en las calles para darles un hogar, y hoy en día, tras los altos y bajos de toda institución, la SPI atiende a más de 6 mil 500 niños en siete regiones del país. Algunos son enviados por los juzgados de familia; otros están abandonados y vienen de la calle, mientras que un grupo de ellos llega porque sus propias madres deciden entregar su cuidado. Sobre todo ello, Momento Cero (Mo.0) conversó con Alicia Amunátegui, hoy presidenta de la fundación.
En términos más personales, ¿cómo fue su llegada a la Protectora?
Fue muy impresionante. Yo acababa de perder a mi primer hijo (a los dos meses de embarazo), y dije ‘aquí hay mucho que hacer’. Había muchas personas; era un hogar de 400 niñitos. Estaban todos muy ordenados, pero había una necesidad terrible de amor. Entonces ahí es cuando uno dice, ‘¡tengo dónde entregarlo a raudales, cómo me lo voy a guardar para mí!’.
¿Cuál ha sido su sello?
Cuidar de la familia. Yo a cada persona nueva que llega quiero fomentarle lo que es la familia. A mí la familia me ha dado tanto, me dio una constitución, energía, entusiasmo, una pasión de vivir por algo. Entonces creo que es lo que hay que fomentar. Desgraciadamente aquí nos llegan muchos niños sin familia.
¿Qué valores han sido importantes para dirigir la institución?
La perseverancia ha sido importantísima. Uno ve todas estas tragedias vivientes y hay que levantarlos...
Alguna vez, ¿ha pensado dejar o alejarse por un tiempo de la Protectora?
Hubo momentos en los que me sentía cansada, pero ahí estaba mi marido y me daba fuerzas. Porque hubo períodos en los que el país estaba mal, crisis, tal o cual Presidente. Pero nosotros nunca le echamos la culpa a nadie, estamos liderando una institución y pase lo que pase debemos seguir andando. Son las cosas que se encuentra uno en el camino, pero hay que saber seguir adelante. Te puedes caer pero no te vas a quedar tirado en el suelo.
¿De dónde ha sacado fuerzas?
Es que las fuerzas te las dan, siempre hay fuerzas. El Señor me da fuerzas, ver a los niños también, eso es muy importante...
¿Cómo es su relación cotidiana con ellos?
En general los veo poco. Porque yo viajo mucho a todos los lugares, a las siete regiones en donde estamos presentes. Mi misión principal es ir creando una mística, hablando con las personas que entran a trabajar acá, porque acá se viene a servir...
¿Cuál es la mística de la Protectora?
Pasión. Pasión por servir bien. Tú ves cómo me preparo, porque tengo que decirles algo que realmente los motive, ellos deben estar creando siempre, tener iniciativa... Es un trabajo prolijo, de otra forma no resulta. La motivación juega un rol muy importante.
¿Cuáles son los valores más importantes que entrega la institución?
La honradez, responsabilidad, lealtad y respeto. Yo le pido a toda la gente que sea testimonio, porque los niños se están fijando permanentemente en ellos.
Emprendimiento y servicio público
Alicia Amunátegui estudió para profesora de religión en el Hogar Catequístico, ahora dependiente de la Universidad Católica. “No es un título profesional”, aclara, “pero me sirve para hacer clases”. Con esos estudios, es difícil imaginar a una mujer hábil para los negocios. Pero ella, aparte de su devoción por los niños, vende, compra y arrienda tierras, lo que ha hecho crecer a la Protectora a volúmenes sorprendentes.
Desde chica le inculcaron el servicio público. Su padre fue diputado por Santiago tres períodos y su madre, alcaldesa de Algarrobo, por 27. “Somos una familia dedicada al servicio público”, remarca.
Viniendo de una familia del mundo político, ¿cómo fue que optara por el servicio público?
Es que mis padres también fueron servidores públicos. Para nosotros, como familia, el servicio público a través de la política es igual. Yo no tomé un camino distinto, acá tal vez tenía más facilidad para poder ayudar y ser generosa con toda mi entrega. Con mi marido, fallecido recientemente, trabajamos juntos aquí. Él era empresario, emprendedor y siempre le gustaba tener a su mujer ahí arriba, que realmente hiciera cosas, se lanzara y él me apoyaba mucho.
¿Cómo ha sido el crecimiento de la Protectora?
Primero se fue extendiendo a regiones. Partimos a Linares porque una señora nos regaló unos campos. Hicimos una escuela en esa época, todo financiado con aportes privados porque no había subvenciones del Estado, y luego vendimos la sede de Bellavista para comprar los terrenos de acá en Puente Alto.
¿Cuáles han sido las grandes dificultades?
Esta sede (Puente Alto) fue quitada en la época de la Unidad Popular. También los campos de Linares, en la época de don Eduardo Frei Montalva, fueron expropiados por la reforma agraria. A mí me tocó pelear ahí, porque eran patrimonio de una institución de beneficencia. Entonces finalmente ideó, en conjunto con el Banco del Estado, hacer por ley, sorteos de la Polla chilena de Beneficencia para la Protectora de la Infancia. Teníamos 5 ó 6 sorteos que daban muy buenos recursos. Pero esto duró poco, porque vino el gobierno militar y reestructuró la ley de la Polla y quedamos de nuevo en cero. Tuve que ir a pelear de nuevo... pero ese es el devenir.
El sello que está imponiendo Alicia Amunátegui queda en evidencia con el énfasis que le dan a las familias y el fuerte crecimiento que ha tenido la sociedad. Así, desde el año 2000, las familias tomaron un rol protagónico, entendiendo que sólo se pueden mantener los logros de los niños a través de un hogar cálido y sano.
Las dificultades y pérdidas materiales sólo son tropiezos en un camino que nunca ha sido fácil. Los niños fueron el empuje para levantarse y dejar que las caídas no sean más que anécdotas que hoy se cuentan y que sólo fortalecen a esta institución que ya celebra sus 115 años.
