Entrevista a Manuel Antonio Garretón, premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2007: “No participar en política es la destrucción del país”

Manuel Antonio GarretónDuro y frontal, el sociólogo planteó a Mo.0 la necesidad de retomar conversaciones hacia un proyecto país, lo nuevo que debiese ofrecer la política y el cambio que requiere el sistema electoral.


Por: Nicolás Rojas B. // Fotografía: Rodrigo Balladares M.


Manuel Antonio Garretón, sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales, adopta una postura grave para hablar de política, uno de los temas que más lo apasionan. Estudioso, con muchos libros a sus espaldas, recibió a Momento Cero (Mo.0) para hablar sobre cómo incluir a los jóvenes en la materia y qué desafíos tiene el Chile del siglo XXI.

Desde niño su padre lo invitó a acercarse a los libros y las ciencias sociales. Y desde esa época comenzó a forjar un pensamiento crítico y a proponer ideas, lo que en 2007 le valió el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales.

Garretón habla además sobre el voto obligatorio y los cambios que debiera ofrecer la clase política. De esta forma, para él lo fundamental es “facilitar el ingreso a los registros electorales y no poner una barrera de entrada. Y para eso necesitamos inscripción automática”.

En este sentido, constantemente los medios de prensa debaten sobre la necesidad de hacer cambios profundos. Así, tópicos como la educación y el sistema político partidista forman parte de innumerables discusiones en el que la mayoría quiere dar su opinión. Sin embargo, para el letrado el tema de fondo es el proyecto país que, según él, Chile no tiene.

¿Existió algún día?
Si uno examina la historia del siglo XX, sobre todo, consolidándose después de la Gran Depresión (años 30’), podríamos decir que hay un proyecto de país que tiene que ver con la idea de industrializarse. Eso implicaba básicamente un proceso de modernización y democratización del cual, sin embargo, quedan excluidos los pobres urbanos y los campesinos del mundo rural, lo que básicamente se completa en los ‘60 con la reforma agraria.

Entonces Chile tenía un proyecto, con las reformas educacionales y las reformas de todo tipo. Independientemente de que haya visiones distintas de él y si se compitiera por hacerlo de una u otra manera. Pero lo importante es que hay una visión, un proyecto de país. Es un proyecto común donde lo que se disputa es cómo logramos metas en las cuales estamos de acuerdo.


¿Y cuándo lo perdimos?
Uno podría decir que la dictadura militar impuso un proyecto nacional. Un proyecto de país perverso, negativo, pero lo hubo (…). Por otro lado, la lucha contra la dictadura se dio en nombre de un proyecto país, que era básicamente la recuperación de la democracia. A diferencia de los proyectos anteriores, que implicaban una serie de cuestiones en distintos campos, acá sólo era la recuperación de la democracia con aquellos cambios económicos y culturales que signifiquen establecerla.

¿Y qué pasa hoy?
No hay un debate sobre lo que queremos como país, por lo tanto no podemos decir que tenemos hoy un proyecto parecido al que hubo, por ejemplo, del ‘30 para adelante.


Inscripción automática y voto obligatorio

Uno de los grandes problemas en la política, a juicio de Garretón, es que al tener trabas para inscribirse en los registros electorales, la oferta política obviamente excluye a quiénes no están inscritos, dando pie a una oferta pobre que deja fuera a millones de chilenos.

Además, en nuestro país el panorama no es tan claro como pareciera. Si bien hay inscripción automática y voto obligatorio, es frecuente que veamos “perdonazos” después de cada elección, dejando en total impunidad a los que no cumplen con ese deber cívico.

¿La inscripción voluntaria contribuye a que los jóvenes no quieran entrar en la arena política?
No está claro que los jóvenes no quieran entrar a la arena política. La inscripción en los registros electorales es una cosa que demanda cierto esfuerzo, que requiere ir a determinadas horas, en un tiempo que no hay atractivo electoral porque no hay elecciones.

¿Entonces la inscripción automática solucionaría el asunto?
Eso obligará a los políticos a hacer esfuerzo para cautivar, seducir y todas esas palabras idiotas. Porque no se trata de cautivar ni de seducir (seducir generalmente está cercano a engaño), ni tampoco de reencantar porque nunca han estado encantados. De lo que se trata es que la política haga ofertas distintas, plurales y en ese sentido cualquier reforma de participación debe ir acompañada de una reforma al sistema electoral que permitiera la inclusión de todas las opciones con posibilidades efectivas de llegar al parlamento.

Y eso haría que cambie rotundamente la oferta política...
Claro, la oferta política debiese ser para el total del electorado y no sólo a los que se han inscrito como ocurre ahora. Pero me parece muy básico que quienes hablan del voto voluntario, a veces dan argumentos de tipo liberales extremos, como decir que es un derecho que si uno quiere lo ejerce y si quiere no.
En este sentido, hay estudios que muestran casos como el de Holanda, que con un sistema de voto voluntario participan las personas de mayor nivel socioeconómico. Mantener el voto voluntario es elitizar las elecciones.

¿Qué piensa del voto voluntario?
¡Que es un profundo error! Los derechos laborales, por ejemplo, no se pueden no ejercer. Usted no puede decir ‘renuncio al derecho a huelga’, ‘renuncio al salario justo’, ‘renuncio a trabajar las horas que tengo que trabajar’. ¡No se puede!, porque es precisamente un derecho para evitar la opresión y el abuso. Son derechos que en algún sentido son imprescriptibles, intocables, inalienables, no se puede renunciar a ellos. De ese modo también lo es el derecho a la educación, no puedes no enviar a un niño al colegio, y por eso la educación, como es obligatoria, es gratuita. Del mismo modo, la participación política debiera ser obligatoria y gratuita, es decir, no tener que pagar el costo de ir a inscribirse. Transformarla en algo voluntario es lo mismo que decir ‘si usted quiere va al colegio y si quiere no va, si usted quiere paga impuestos y si no quiere no los paga’.

En este sentido mucho se habla del poco atractivo de la oferta política...
Ese es un argumento demagógico que hacen algunos jóvenes y los adultos que adulan a los jóvenes. Ese argumento significa ‘bueno voy a pagar impuestos según para lo que los usen’. Es absolutamente indefendible.
El voto, que es la participación política mínima, tiene que ser asegurado. No deben existir barreras de entrada.

¿Y qué hacer frente a una oferta pobre?
Es que eso no significa que usted no vote. Pero sí debiéramos tener la posibilidad de señalar eso mismo, que no le gusta ninguna de las opciones y por lo tanto que su voto blanco (o con una opción que diga “ninguno”) –distinto al voto nulo-, sea válidamente emitido.
El voto blanco debiera contar, porque usted está diciendo que no le gusta ninguno de los candidatos. Entonces si ese voto se cuenta, y ninguno de los candidatos obtiene la mayoría absoluta, hay que repetir la elección. Y yo diría que hay que repetirla con nuevos candidatos, porque la mayoría está diciendo que no le gusta la oferta política, entonces cámbienla. Pero lo que no corresponde es decir que si no me gusta la oferta política entonces no participo. Eso es la destrucción de un país y de una comunidad política.

Más allá de los desencuentros que puedan generar sus palabras, lo cierto es que para Manuel Antonio Garretón la ausencia de un proyecto concreto que defina las metas comunes que se buscan como país representa la más profunda y gran traba que tenemos como sociedad.
Si bien el problema podría surgir de la falta de educación cívica, éste iría más allá de un cambio de concepto o decisión. Habrá que apuntar entonces al fondo y no a la forma…

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