Mario Leyton: “Nuestra responsabilidad es trabajar con los malos alumnos”
Lunes 05 de Abril de 2010 16:05

Proponiendo importantes cambios en la materia, el premio nacional de educación 2009, comentó a Mo.0 que lo importante es aunar esfuerzos, tener voluntad y trabajar, a fin de generar una reforma profunda, tanto o más significativa que la suscitada cuatro décadas atrás.
Los años ‘60 son recordados por varios hitos: la crisis de los misiles, la masificación de la TV, la revolución de las flores, el Muro de Berlín, la llegada del hombre a la luna, por nombrar algunas.
¿Y en Chile? Se jugó el Mundial de fútbol, partió la reforma agraria y se llevó a cabo el mayor proceso de renovación que haya tenido la educación en nuestra historia. Responsable y diseñador de aquello fue el profesor Mario Leyton Soto, Premio Nacional de Educación 2009.
Ingresó a estudiar al Pedagógico (1951), lugar del cual salió con el título de profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica (1956). Se perfeccionó con los grados de magíster y doctorado en la Universidad de Chicago, y unos años después, en 1964, fue convocado por el entonces ministro de Educación, Juan Gómez Millas, al equipo que preparó el cambio en el sector.
“Fue una reforma revolucionaria porque apuntó a abrir oportunidades para que todos los niños se integren a la educación. Apuntó a mejorar no sólo la calidad sino la cantidad, porque en 1964 la edad educativa promedio de la población chilena era de poco más de tres años. La mayoría de los niños no tenía escuela para ir ese año. Se construyeron miles de colegios y se capacitaron miles de profesores para poder absorber toda esa matrícula y así darle educación a todos los chilenos”, recuerda Leyton con Momento Cero (Mo.0).
La transformación contempló modificar la primaria y ampliarla de seis a ocho años, convirtiéndola en enseñanza básica. A la vez, se disminuyó la secundaria de seis a cuatro años, pasando a llamarse educación media, dividida en científico humanista y técnico profesional. Pero para el docente, lo más relevante fue el proceso de democratización que se vivió para entrar a la universidad, sustituyendo el Bachillerato por la Prueba de Aptitud Académica (PAA). “Era el tapón que tenían las clases económicas más bajas para seguir carreras profesionales. Entonces eliminamos eso y creamos la PAA que permitía, en igualad de condiciones, velar por las aptitudes de aprendizaje, que son características humanas iguales a todos, sin distinción de clase social”, explica, al tiempo que aclara que el nuevo test estaba abierto a cualquier estudiante dispuesto a rendirla, punto diferenciador de su predecesor, que era sólo para los egresados de los liceos.
Puntos importantes de la reforma también lo fueron el rediseño de los currículos de enseñanza y la creación del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP), cuyo objetivo fue perfeccionar periódicamente a los profesores.
El obtener los recursos necesarios debió requerir de un gran compromiso político…
Claro. Fue una reforma integral y sistémica consolidada a través de la política social del gobierno de la época (de Eduardo Frei Montalva), que se tradujo en el compromiso muy serio en términos de presupuesto y con responsabilidad del Estado. En los tres primeros años se llegó a tener el 7% del Producto Interno Bruto (PIB) del país dedicado a educación, lo que equivalía al 25% del presupuesto. O sea había voluntad política para hacer los cambios necesarios.
El Estado asumió además otras responsabilidades tan básicas como darle desayuno y almuerzo a los niños de menores recursos (…) Por eso el gobierno creó la Junta Nacional de Auxilio y Becas (Junaeb) para que todos los niños de Chile tuvieran desayuno, almuerzo, ropa y textos escolares. Por primera vez en Chile se entregaron masiva y gratuitamente los textos, elaborados principalmente en el CPEIP.
Rol de las escuelas

Mario Leyton piensa que hoy es necesaria una reforma tan revolucionaria como la que se vivió hace más de 40 años, para, a su juicio, subirle el nivel a la educación. Y para esto se requiere el compromiso político no sólo del gobierno de turno, sino de todas las fuerzas que dirigen el país, mancomunando los esfuerzos e integrando a los profesores en el proceso de cambio. Y eso precisamente fue lo que se hizo el año ‘64, donde los mismos docentes trabajaron perfeccionando los currículos, por ejemplo.
Para el Premio Nacional, el cambio más profundo que se requiere es que “el profesor tiene que aprender a trabajar dentro del aula de tal manera que, además de garantizar los contenidos de carácter cognitivo, pueda desarrollar en sus alumnos el sentido de seguridad en sí mismos, haciéndolos sentir que son realmente valiosos como persona y que pueden emprender cualquier tarea”.
“Yo recuerdo cuando trabajé en Estados Unidos que el director de la escuela me dijo ‘mire profesor, aquí no hay alumnos fracasados, hay profesores fracasados’. (Hoy) las escuelas trabajan para el fracaso de la mayoría de los alumnos, se concentran en los buenos alumnos, cuando los profesores no estamos sólo para los buenos alumnos. Nuestra responsabilidad fundamental es trabajar con los malos alumnos”, subraya, a la vez que insiste en que es prácticamente imposible trabajar con cursos de 30 ó 40 estudiantes, ya que, en su opinión, se dificulta el atender las necesidades de cada uno.
¿Qué hace falta entonces?
Analizar el currículum e integrar las materias en cuatro o cinco áreas de aprendizaje, aprovechando el sentido que tienen las disciplinas y sus contenidos. Porque las asignaturas tienen dos funciones: una que es instrumental (propio de la disciplina) y otra es formativa. Así, un profesor que está enseñando matemáticas, está al mismo tiempo enseñando a resolver problemas, a valorar (…) Esto ya se planteó en la reforma del ‘64 y se plantea hoy con mayor urgencia. La escuela debe trabajar con metodologías heterogéneas para lograr aprendizajes homogéneos. El profesor tiene que trabajar de tal manera que atienda a cada alumno en el aula a partir de los niveles de aprendizaje en los cuales los estudiantes están. Cuando tú haces eso es posible que desarrolles las potencialidades para poder trabajar de forma independiente y el profesor pueda trabajar haciéndoles preguntas a los alumnos y enseñándoles a responder y solucionar problemas.
Pero aquello implica también un trabajo con los docentes…
Los profesores necesitan estar permanentemente en un proceso de perfeccionamiento. El tema es cómo mantener a los que están en el sistema activos y actualizados, de manera tal de crear un ambiente de trabajo dinámico, activo y actual, para que cuando el profesor nuevo llegue pueda continuar con el entusiasmo el conocimiento nuevo y sentirse en una atmósfera fértil.
El CPEIP se creó para mantener constantemente a los profesores actualizados y al mismo tiempo trabajando con ellos. Y ese perfeccionamiento lo hacían los profesores que trabajaban en las universidades en la formación de los nuevos maestros, entonces se vinculaba la formación inicial con el perfeccionamiento en un solo proceso. Ésa es una de las cosas que hoy hace falta.
¿Y cómo se valoran estos cambios a nivel del profesorado?
La evaluación docente debe hacerse en base a ciertas preguntas: ¿qué instrumentos de evaluación se utilizan?, ¿con qué objetivos?, ¿en beneficio de quién?, ¿para qué propósito?
Hoy prácticamente sólo se hace a través del Simce y de la PSU…
Así se está desvirtuando totalmente lo que es la función de la evaluación. Cuando estos instrumentos son demasiado poderosos, dominan el proceso. Lo que tiene que hacerse es que estos instrumentos estén al servicio del proceso, favoreciendo el desarrollo de los alumnos. Hoy día uno ve que los resultados se utilizan para clasificar y calificar a profesores y alumnos. Para premiar a los buenos y castigar a los malos. Y los profesores saben eso. Los profesores saben que si no trabajan para las pruebas serán mal calificados, mal compensados y hasta castigados.
¿Eso quiere decir que los contenidos están siendo dictados por estas dos pruebas?Claro, los contenidos del Simce y la PSU son el verdadero currículum nacional. Los profesores trabajan en base a ese currículum. ¡Se ha desvirtuado! Las pruebas ya no están al servicio de la educación, sino que la están dominando. Cuando las creamos fue por un carácter informativo, la información que nos daban eran para retroalimentar al sistema en la gestión institucional, el trabajo de los profesores y el aprendizaje de los alumnos (…) Cuando son externas dominan al proceso, matan el currículum. Los profesores se tienen que preparar solamente para responder esas preguntas, esas pruebas pasaron a ser el currículum oficial.
Para la PSU, añade Leyton, lo importante es que los alumnos aprendan harto en matemáticas, harto en historia, harto en lenguaje; lo que significa olvidarse de los objetivos transversales de la educación, que están en el área formativa. Por lo tanto, postula que es necesario amalgamar el currículum formal con el “oculto”: el de los patios, la calle y los amigos.
Una nueva educación, concluye, debiese ir en esa dirección, juntando las dos realidades y atendiendo a las necesidades específicas de cada niño. ¡Ojo que lo plantea alguien que logró que los sueños de un país en esta materia se concretaran!

Comentarios
El 68 , en la cresta de la ola en asignacion de recursos, y trabajando direccionado a la inclusion educacional para los desfavorecidos, cambio un tapon por un tapon mayor. Si se hubiese cambiado por una prueba de habilidades y capacidades para cada carrera. otro gallo nos cantaria.
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