¿Pueden las universidades formar emprendedores?
Miércoles 12 de Mayo de 2010 16:01

Pese a que casi todas las casas de estudio dicen estar preocupadas por tal relación, los estudios evidencian el escaso aporte que constituyen. Si bien aún hay falencias, los expertos dicen que vamos en la dirección correcta.
Muchos planteles de educación superior intentan que universidad y emprendimiento aparezcan como sinónimos. Es recurrente que veamos sus publicidades asociando ambos conceptos, pero la evidencia muestra algo distinto. El último informe del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) es claro en el tópico “Educación para el emprendimiento”: exceptuando las escuelas de negocios, ninguna institución educativa (colegios y programas de pregrado) tiene buena evaluación.
Tras la mala apreciación que el GEM hace sobre la educación para el emprendimiento, Momento Cero (Mo.0) quiso conocer cómo lo están haciendo las escuelas de posgrado de las casas de estudio, para ver si realmente cumplen con la “promesa” de ser emprendedoras e innovadoras (porque a esta altura, enseñar emprendimiento casi podría llamarse una innovación).
No obstante, en un primer repaso descubrimos que los intentos por hacer de una universidad un centro dedicado en forma sistemática e institucional en miras al emprendimiento, son nulos. Si bien algunas facultades muestran ciertos avances en este sentido, las tratativas parecen aisladas. Las escuelas de posgrado de las facultades de Economía y Negocios llevan la delantera en el tema, pero aún estamos en los albores, sobre todo si se piensa que es necesario cambiar la visión de que emprendimiento es igual a formar empresas.
Teoría vs. Práctica
El emprendimiento es un área que ayuda no sólo en la formación de nuevas empresas. Entrega herramientas para tener profesionales más comprometidos, con iniciativa para hacer cosas nuevas, menor temor al fracaso y con gran capacidad para perseguir metas y objetivos.
Pese a lo anterior, las universidades se empeñan en que sus profesores -especialmente si son de posgrado- hayan cursado algún magíster, MBA o doctorado; dejando el conocimiento práctico y el desarrollo de habilidades relegado a un lugar menor. No obstante, la tendencia mundial indica que un justo equilibrio entre formación teórica y práctica es fundamental para la educación para el emprendimiento.
En ese sentido, según el coordinador GEM Chile e investigador de la Universidad del Desarrollo, Ernesto Amorós, EE.UU. y Europa llevan la delantera. “La experiencia, al menos de Estados Unidos, es que durante algún tiempo trataron de traer profesores muy preparados, con mucho conocimiento. Pero luego se dieron cuenta que es muy necesario tener gente que transmita desde su propia experiencia”, indica. Así, los estudiantes podrán acceder no sólo a un conocimiento teórico sólido, privilegiando también la práctica y el desarrollo de ciertas habilidades blandas necesarias para el aprendizaje del emprendimiento.
En cambio, el panorama nacional fuera de las escuelas de negocios, no es muy alentador. Salvo algunos intentos excepcionales, “a nivel de posgrados falta esa mirada más transversal del emprendimiento, que no sea un monopolio de las escuelas de economía. La experiencia que yo he tenido es que enseñar emprendimiento en cualquier escuela es positivo. Y ojalá que en el corto plazo los posgrados de otras áreas también lo incluyan”, continúa.
Rol del posgrado
Entre 2001 y 2007, un total de 23 mil estudiantes se titularon de posgrados en universidades chilenas, mostrando un aumento significativo entre 2006 y 2007 (de poco más de 3 mil a casi 5 mil, ver gráfico). Se proyecta que en 2012 sean cerca de 14 mil los titulados de programas de magíster, doctorado o MBA, destacando la irrupción de universidades privadas en el mercado, instituciones que sobresalen por el aumento de la oferta de programas de este tipo.
Pese al evidente aumento en número y la eventual mejor preparación que debiesen tener los profesionales chilenos, lo cierto es que durante los últimos años se han levantado algunas voces de alerta en este sentido. Es recurrente escuchar a expertos dudar de la calidad de las universidades donde los jóvenes hacen sus estudios de posgrado, lo que compromete a todo el sistema de estudios de especialización. La evidencia en Chile nos muestra que son muy pocas las casas de estudio que se preocupan por formar y reafirmar ciertas habilidades propias de un emprendedor como son el liderazgo, la capacidad para trabajar en equipo, la iniciativa o proactividad.
Pero más allá de las polémicas que genera cualquier cambio significativo como el que estamos evidenciando, el tema central es si las universidades del país están cumpliendo sus promesas y formando profesionales más preparados para asumir riesgos, detectar oportunidades, formar parte de un grupo de trabajo y ser líderes en sus respectivas áreas.
El profesor Manuel Silva, coordinador del Programa de Magíster en Educación de la Universidad de Chile, afirma que los posgrados debiesen enfocarse en indagar sobre los elementos que condicionan las construcciones culturales (aprendizaje o motivación, por ejemplo). Para el facultativo, es fundamental que este tipo de programas dé “una formación integral para que los estudiantes tengan una mirada global del ser humano, porque no nos construimos sólo a partir del conocimiento, sino que debemos tener un concepto ético de la persona o del trabajo, por ejemplo, para darle un sentido a la actividad. Así, cada estudiante logrará descubrir qué es valioso para ser entregado a la sociedad”. En relación a lo que expone el docente, queda en evidencia que sólo con un desarrollo integral el estudiante logrará grados de emprendimiento e intraemprendimiento.
En tanto, Rafael Rodríguez, fundador de Seminarium y Laborum (ambas empresas que reclutan personal para diferentes compañías), asegura que si bien en Estados Unidos ha ido tomando importancia el desarrollo de las habilidades blandas en los programas de posgrado, otro tipo de aptitudes no han perdido terreno. Según el experto, a nivel de posgrado tiene más importancia que los estudiantes adquieran habilidades duras, como la capacidad para resolver problemas o hacer análisis adecuados. “Las habilidades blandas también las puedes ir aprendiendo en el trabajo y es difícil educarlas sin tener experiencia práctica. Porque te pueden enseñar a hacer un discurso, pero otra cosa es pararte a hacerlo. Puedes educarlas, pero si no tienes ninguna inclinación genética hacia esas habilidades, no tendrá ningún impacto”, explica.
En cambio, el profesor Silva piensa que sí pueden educarse. “Esto va a empezar a aparecer como algo absolutamente necesario, porque junto con las habilidades intelectuales, debe haber un desarrollo de las habilidades emocionales, afectivas y sociales”, argumenta.
Ernesto Amorós, por su parte, asegura que algunos posgrados ya se están preocupando del tema. “Los MBA, principalmente, están enfocados en eso. La tónica actual de estos programas es combinar conocimientos, habilidades blandas y desarrollo de capacidades de gestión; incluyendo actividades emprendedoras”, detalla.
Nuevas ofertas
Desde el punto de vista de Rafael Rodríguez, experto en el tema de selección de ejecutivos, las empresas cuando reclutan a profesionales jóvenes, se fijan principalmente en la formación académica. “Por eso, es muy bueno que personas de 30 años estudien un posgrado”, recomienda, “sin embargo, si tienes 40 años, lo que hayas estudiado importa poco, aquí importa la experiencia”.
De acuerdo a la opinión de los expertos, difícilmente la nueva modalidad de hacer posgrados, impartidos mediante clases online, pueda ser un aporte real en cuando al desarrollo de ciertas habilidades que potencien la personalidad emprendedora de sus estudiantes. No obstante, reconocen, tienen grandes ventajas.
Para Ernesto Amorós “es complicado impartir este tipo de cuestiones a través de un posgrado online. No puedes hacer un curso de liderazgo en línea. Pero es importante destacar que este tipo de cursos obedece a otro tipo de público y puedes desarrollar otro tipo de habilidades emprendedoras, como trabajar online con equipos de otros países, lo que es interesante también”.
Otra modalidad que ha tomado fuerza es el realizar un magíster inmediatamente después de terminar los estudios de pregrado, lo que, según el profesor Manuel Silva, constituye un intento por darle continuidad a la experiencia universitaria. Pero a juicio de
Rafael Rodríguez, simboliza una opción más bien estéril, pues “nuestros estudios dicen que a un ingeniero civil o comercial, de una buena universidad en Chile, no le agrega mayor valor realizar un posgrado en la misma casa de estudio. Porque después de estudiar cinco o seis años, hacer un séptimo el problema es casi ‘qué más podemos enseñar’. Sin embargo, si vas a estudiar fuera de Chile ahí sí haces una gran diferencia”.
En la dirección correcta...
Ante el actual escenario, Rodríguez subraya que lo importante es saber diferenciar en los tipos de posgrado, pues “hay gente que cree que todos son iguales. Y no es así, cada uno está diseñado para satisfacer necesidades específicas”.
En relación al aporte real de este tipo de programas en materia de emprendimiento, y pese a que muchos coinciden en que aún falta mucho, Amorós cree que vamos en la dirección correcta. En su opinión, las universidades están incorporando cada vez más gente con experiencia práctica para “despertar este sentido más aplicado en sus estudiantes. Hacer un posgrado que nos ayude a adquirir habilidades de emprendimiento, al menos, está en el imaginario de las personas. Y eso sin duda que es positivo”.
En la misma línea, el profesor Silva sostiene que en general los posgrados de todas las escuelas apuntan hacia un camino correcto, ya que se han ampliado las oportunidades y se están preocupando por el desarrollo integral del ser humano. En la medida que “haya una mirada compleja de la sociedad, donde se haga hincapié en que requerimos múltiples funciones heterogéneas y que todas ellas requieren ser asumidas con responsabilidad, vamos avanzando”.
